Retales de la vida de un gilipollas (Capítulo 9)
Capítulo 9. Verano tenso.
Había estado
charlando el viernes con Alma y recordé que iba a salir con unas amigas.
Al salir de casa de Laura le envié un mensaje y, como no se
encontraba muy lejos, me acerqué a verlas. Charlamos un rato,
bailamos -algo que no es que me guste mucho- y bebí algo mas de la
cuenta. Y en un par de horas las dejé y me fui a Torrente a
descansar. La compañía, y también la bebida -que no me sentó muy
bien por no estar muy acostumbrado- me había servido para
desconectar la mente un rato.
Ya luego, por la
mañana, la conversación con Laura era algo más calmada. Y volví a
Valencia, a su casa.
El fin de semana
se podría decir que fue ya algo convencional. Se celebró mi
cumpleaños, pero sin mucha historia y por la tarde teníamos la
última de las carreras del circuito que estábamos realizando. ¡Y
poco más!
Lo que sí, Laura
seguía con un estado de ansiedad muy alto. Aunque el sábado parecía
medianamente relajada, el domingo tenía la tensión por las nubes.
Ya en la semana la
cosa no comenzaba bien para ella porque el lunes tenía bastante
trabajo y seguía encontrándose mal. Yo no podía hacer más que
pedirle que procurara aplazar las citas y que tratara de descansar.
Pero no sé si realmente lo hizo.
Durante el resto
de la semana todo fue como lo estaba siendo habitualmente, incluyendo
su tensión por las nubes.
El sábado por la
noche íbamos a correr otra vez. Pero como estaba con nosotros su
pequeño, ella no participó.
Mis ánimos
volvían a ir por los suelos. Verla durante toda la semana con los
mismos problemas de salud -que yo achaco a las mierdas con consumía-
no me dejaba muy tranquilo que digamos. Nuevamente, el domingo, me
volvió a comentar que me sentía frío y distante. Y esta vez si que
le traté de explicar que es lo que yo veía. Sentía que estaba
extremadamente alterada, que la tensión alta, sus estados de
ansiedad le estaban pasando factura. Aunque en realidad no sé, ni
siquiera hoy, que es primero si la gallina o el huevo, si estaba en
ese estado por su alto grado de competitividad y exigencia o si ese
estado le hacía estar tan hiperactiva tanto física como
mentalmente. Pero fuera como fuera, la situación no podía continuar
así porque se estaba haciendo mucho daño, y me lo estaba haciendo a
mí. Le pedí que pensase, que tratase de hacer algo para relajarse,
que levantara el pedal del acelerador. Que se plantease hacer yoga o
meditación,... ¡qué se yo! Pero en la situación en que la veía
difícilmente podía disfrutar de la vida, en general.
Días después, si
la cosa no se complicaba, iban a operar a su padre que se encontraba peor. A pesar de la situación, procurábamos hacer la vida lo
más normal posible -es lo único que se podía hacer, y además a
Laura es lo único que le podría venir bien-.
La operación
salió bien o, al menos, eso parecía. A
Laura parecía que parte del estrés que llevaba encima se le había
marchado, después de todo. Hacía unos 10 meses
de nuestro re-encuentro y apenas me había hablado de su hermano. Fue
durante esos días cuando me dijo que su hermano se había puesto en
contacto con ella por whatsapp; me comentó que era la 1ª vez que
hablaban desde Navidad -y estábamos a mitad de verano-.
Habían llegado unos días de serenidad. Y así, poco a
poco, con el ambiente un tanto más tranquilo fue transcurriendo el
verano. Su padre parecía que estaba mejor; ya estaba en casa. Laura se
lesionó en una de las carreras que hicimos y le tocó sufrir unos
días porque no le era fácil trabajar en esas condiciones. La
tensión y la ansiedad parecían haber desaparecido.
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