Retales de la vida de un gilipollas (Capítulo 11)

Capítulo 11. El ciclo de la vida.

El ciclo de la vida es como una rueda que gira y gira sin parar. Como un tiovivo en dónde unos vamos entrando y otros saliendo.


Acababa de entrar en el tiovivo de la vida un nuevo miembro, el segundo hijo de mis amigos Silvestre y Leire. Y en ese tiovivo iban a producirse más movimientos durante las siguientes semanas.

El padre de Laura continuaba ingresado y la cosa no pintaba bien. Le habían tenido que volver a intervenir pero no se obtenían resultados. Estábamos todos bastante derrotados anímicamente al verlo en su estado. Laura trataba de llevarlo con entereza, pero la procesión iba por dentro. Al resto de la familia, quizá, se le notaba más visiblemente.
Tratábamos de hacer que los días fueran lo más normales posibles e intentaba mantenerla distraída el máximo tiempo posible. Uno de los fines de semana me la llevé -a Laura-, medio engañada, a una excursión por las montañas cercanas a modo de aventura. Fue muy divertido y pienso que la situación la hizo evadirse, aunque tan solo fuera por un rato, de la situación angustiosa que se estaba viviendo.

Pero llegó el terrible y esperado momento... su padre había fallecido. Yo me encontraba entonces de viaje por el sur y lo más rápido que pude cogí el camino de vuelta a casa para estar con ella y el resto de la familia.

Hacía unos días que el tiempo había cambiado. Los calores del verano ya habían terminado y nos encontrábamos bajo un tiempo fresco, gris y lluvioso, de esos días con aspecto triste. Como si de un presagio se tratase.

Después del entierro se trataba de hacer vida normal nuevamente.
Se acercaba el día de “Halloween” y entre comprar y arreglar los disfraces Laura estuvo entretenida. Nos habían invitado Silvestre y Leire a pasar la noche con ellos junto al resto de amigos. Se había vuelto en habitual que lo celebrase con ellos pero era el primer año que acudía con Laura. Y, como todos los años, ¡fue divertido!

Ha finales del verano dos compañeros del club nos habían invitado a su boda. Y llegó el día. Era diciembre pero con un tiempo espectacular. ¡Estaba radiante! En verdad era el primer acto social al que acudíamos desde que estábamos juntos en el que nos vistiésemos más o menos de etiqueta. La verdad es que no habíamos tenido muchas ocasiones para arreglarnos como para aquel día. Se pasó genial, con los novios, con amigos, bailando y riendo...
Y aprovechamos la ocasión para pasar también un día con mi madre ya que nos venía más o menos de paso.

Los últimos meses del año solían ser bastante agobiantes en mi trabajo y este año no iba a ser diferente. Además de intentar hacer las ventas necesarias también había que hacer balance del año y prepararnos para el siguiente ejercicio. Para Laura también estaban siendo unos meses intensos. Con el fallecimiento de su padre se le había acumulado el trabajo, además de ser unas fechas en que normalmente tenía bastante más del habitual. Y terminó pasándole factura. La espalda no le respetó y lo tuvo que pasar bastante mal; y eso hacía además que se pusiera más nerviosa y apenas fuera capaz de dormir.

Pero al llegar los días previos a la Navidad todo fue tranquilizándose para los dos. Ya sólo se iba pensando en los preparativos de las fiestas: comidas, cenas, cumpleaños, regalos,...

Nuestra vida juntos me parecía bonita, seguía completamente enamorado de ella,... a pesar de los pesares. Sin embargo, en ocasiones surgían momentos de reproche que trataba de utilizar para conseguir arrancarle de su boca una confesión de lo que sucedía. ¡Lo que sucedía y que yo no entendía! Y es que cada vez iba conociendo más y más “cosas” sobre ella similares a las que ya os he descrito. Recuerdo como el 28 de diciembre. y como si de una inocentada se tratase, nos enzarzamos de nuevo en el tema recurrente de la falta de trasparencia. Y yo, siguiendo con mi actitud de esperar a que fuese ella quien voluntariamente se abriera a mí, me limité a insinuarle nuevamente que sabía cosas sobre ella que confiaba en que algún día me contase. Yo sólo tenía un asunto que mantenía con celo para mí, pero simplemente porque no le hablaba de ello, no porque ella no lo supiera. Y ese asunto era mi vía de escape, mi salvación en momentos de desasosiego, Alma. Seguía quedando con Alma, muy de vez en cuando, como quedan los amigos -aunque he reconocido desde un principio que en alguna ocasión se nos escapó de las manos-.

Todavía no me había abierto a ninguno de mis amigos para contarle mis preocupaciones, tan sólo había habido alguna pincelada. Quizá el único que sabía algo hasta el momento era mi amigo Silvestre. Pero apenas había sido un comentario un día en que mi cabeza estaba a punto de estallar. Habíamos salido a correr por Torrente como hacíamos de vez en cuando y sólo le había enseñado con el móvil algunas pruebas de lo encontrado, sin casi hablar del tema. Tampoco me hizo falta, tampoco me lo pidió. Silvestre, aunque un tanto cabezón y testarudo, es una persona con buen corazón y respetuosa con la vida de cada uno. Tan sólo me dijo que hiciera lo que debiera hacer, que siempre respetaría mi decisión, fuera la que fuera. Aunque su cara quizá no reflejase lo mismo.

¡Laura seguía enrrocada!
A pesar de dedicarnos un tiempo esos días a hablar de la situación no conseguí aclarar nada. Por mi parte, nuevamente le confesé que continuaba quedando de vez en cuando con Alma para charlar y tomar un café, sin decírselo, ocultándoselo, porque sabía muy bien que le tenía celos. Y, puesto que yo le estaba siendo franco esperaba lo mismo de ella. Pero... ¡Nada! ¡No obtuve nada! ¡A ella no le sucedía nada, no tenía nada que contar! Realmente no podía aguantar más.. pero ahí estaba yo, comiéndome la situación como si nada, intentando digerirla. Pero se me estaba indigestando. Fueron un par de días difíciles,... cada vez me iba alejando más y más de ella.

Nuevamente habíamos pasado el día de Navidad con mi familia, como yo tenía costumbre. Tampoco en estas fiestas encontramos la fórmula para pasar un día con la suya, a pesar de que ahora ya nos conocíamos todos. Y la Nochevieja la pasamos nuevamente solos, como el año anterior, tranquilos, en casa.

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