Retales de la vida de un gilipollas (Capítulo 5)

Capítulo 5. Y llegaron los resultados...

Eran las primeras semanas de convivencia. Tenía sentimientos encontrados: por un lado, cuando hablábamos o estábamos juntos sentía que lo habíamos estado toda la vida pero, por otro lado, me encontraba con que había tanto que contarse, tanto que decirse por todo el tiempo pasado separados.

Le pedí matrimonio, así, de repente. Bueno no tan de repente porque ya se lo había pedido con anterioridad hacia más de 20 años. Ella era la única persona que me había despertado ese interés tan fuerte por tenerla a mi lado para siempre. Y, tampoco era tan prematuro, al fin y al cabo ya la conocía... o no!!!

Recuerdo que en una ocasión, le comenté que me daba miedo perderla porque ya la había perdido una vez y no sabría si podría sobrellevarlo de nuevo. Ella me dijo sólo que la amara y la tendría para siempre.... ¡Y me convenció!

Llevaba ya unos meses con “broncas” en mi empresa.
Unos pocos días antes de encontrarnos de nuevo, había sufrido una situación tensa en el trabajo que me obligó a plantearles que no iba a realizar más trabajos fuera de mi horario dado lo mal que me estaban tratando. En general, en casi todos los trabajos se realizan tareas por encima de lo que corresponde, pero en este caso exprimían y exprimían llegando a realizar casi el doble de horas... y sin ningún reconocimiento, ni siquiera una “palmadita” en la espalda. ¡Después de 8 años uno ya estaba cansado!


Nos habíamos comentado una y otra vez que no dudaríamos el uno del otro. Sin embargo, en estas primeras semanas juntos -incluso ya me lo había comentado con anterioridad- me insinuó que pudiera tener algún “ligue” por alguna de las ciudades por las que viajaba.
Realmente me sentó bastante mal el que dudase de mí lealtad cuando salía de viaje. Me decía que prefería no pensar lo que hacía, que “todos los hombres somos iguales”. No entiendo nada de eso de “todos”. Nunca he entendido esas aseveraciones grupales... cada uno es como es y no por eso hace a todos los de su género iguales. Si no, por la misma razón, como conocí una puta tendré que pensar que todas las mujeres lo son. Qué aberración de reflexión!!!

Al rebatirle tal afirmación me pretendía igualar el hecho de que yo me hubiera mostrado disgustado con ella porque hubiera estado compartiendo casa (y cama) con su ex, con el “supuesto” hecho de que yo pudiera tener un “affaire” por algún lado. Le tuve que explicar que nunca había sido infiel a ninguna de mis parejas; y que quizá por eso mantenía muy buena relación con la mayoría.
Sin embargo, realmente tampoco se lo podía echar en cara después de saber que su ex-pareja se la había estado pegando con otra.

Ya tenía los cabellos que necesitaba para enviarlos al laboratorio. Y ya me habían enviado el sobre dónde colocar la muestra y remitírselo. Pero seguía en dudas de si hacerlo o no. ¡Finalmente me lancé!
En un principio le llegué a decir a mi hijo que recibiría un paquete o sobre para mí. Pero cuando pensé que como remitente vendría un laboratorio y que podía saltar una alarma innecesaria, descarté la opción y le dije que ya lo tenía solucionado.

Para evitar descubrirme, utilicé a una amistad que sabía no haría preguntas. Puse su dirección para la respuesta y lo envié.
No es que no confiase en mi hijo, pero no quería involucrarle en una situación que no me apetecía explicar. Sé que ambos (mis hijos) son extremadamente discretos y no me harían preguntas, pero si me vería yo en la obligación de darles alguna explicación. ¡Y no podía hacerlo!

Cuando la conocí tiempo atrás, era una mujer muy delicada, delgada,... extremadamente delgada. Muy guapa y con unos ojos preciosos.
Sufría mucho con su estética, se veía siempre gruesa. Tanto su marido como yo habíamos estado siempre muy encima de ella para hacerla comer correctamente, porque la verdad es que era difícil; comía más un jilguero que ella. Pero al encontrarnos de nuevo me había alegrado mucho al ver que, aparentemente, debía haber superado aquella obsesión. La vi mucho más formada, fuerte, musculada, eso sí, sin estar gruesa en ningún caso. Su ex-pareja era entrenador deportivo, y al parecer, había logrado que se orientase en esa dirección.

Los inicios del año estaban llevando bastantes cambios para los dos, no sólo por el inicio de nuestra relación.
Por un lado, yo estaba siendo sometido a mucha presión dentro de mi empresa, que llegó a comunicarme diversas amonestaciones respecto a mi trabajo. La verdad es que les salió el tiro por la culata porque se las fui tumbando una a una, llegando a reclamarles por vía administrativa. Terminaron por cesar en sus intentos de provocar presión por un tiempo.
Por otro lado, el trabajo externo de Laura no le era muy rentable por lo que decidió centrarse en su trabajo en casa, que si bien podía ser menos, le resultaba bastante más rentable económicamente.

También comencé a conocer su entorno. Comenzamos con su madre; un día vino a tomar café a su casa y nos presentó. Como ya os he comentado con anterioridad, encantadora.
Y poco a poco al resto de la familia.

La convivencia era fantástica. Parecíamos 2 chiquillos, como si fuéramos nuestro primer amor el uno del otro. Siempre que podíamos estábamos juntos, para casi todo. Obviamente y como cualquier pareja que trabaje, cuando no estábamos en el curro. Íbamos juntos al gimnasio, a la compra, de tiendas, de paseo....
Por supuesto que “discutíamos”, por ejemplo de fútbol... Realmente eso era lo más negativo, eramos de equipos rivales.

Las semanas iban pasando y a mí se me estaba haciendo larga la espera de los resultados. ¡Y por fin llegaron!
Habían pasado 24 días desde que hiciera el envío. Era un sobre grande, de los de tamaño folio, y debía contener 7 u 8 folios en su interior por el grosor del mismo. Me encontraba dentro del coche, muy nervioso e indeciso a la hora de abrirlo; no me decidía. Pensaba que una vez abierto habría roto por completo la confianza en Laura. Fuera cual fuera el resultado.
Finalmente lo abrí. Y el resultado daba... positivo!!!

No importa el detalle del mismo. Mi intuición no me había engañado, aunque hubiera preferido haber fallado de pleno.

Ahora se me planteaba la duda de qué hacer. Si ir de frente a ella y hablarle de mi descubrimiento, o guardarme para mí la información. Y opté por lo segundo.

Yo la quería, la quería muchísimo. Y guardarme la información me permitiría vigilarla en corto, tratar de hacer de ángel de la guarda y procurar complicarle el que pudiera continuar con ello o que terminase descubriéndose por ella misma.
Pensé de inmediato que el consumo de esta mierda no debía ser más que una influencia, muy mala, de su anterior pareja. Aunque también he de reconocer que ella era de carácter débil en cuanto a su visión de su físico y siempre le había marcado mucho.

De su ex-pareja apenas sabía más que el nombre; me parece que todavía no lo había visto físicamente por aquel entonces. Y, realmente, me daba completamente igual. Hasta entonces prefería no saber nada. Pero después de aquello la cosa cambió.

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