Retales de la vida de un gilipollas (Capítulo 4)
Capítulo 4. Un Nuevo Año
comienza... y ¡qué año!
Comenzaba un Nuevo
Año con nuevas ilusiones. Habíamos pasado un Nochevieja y día de
Año Nuevo perfectos; tranquilos en mi casa, charlando, haciéndonos
mimos, disfrutando de tiempo juntos...
Nos había dado
tiempo para organizarnos ya casi el resto de nuestra vida juntos.
Estábamos aprendiendo rápidamente el uno del otro, conociendo
nuestros gustos, ilusiones, pasiones...
Pero como no
estábamos en un mundo imaginario, ni en un cuento de hadas y
princesas, el día 2 había que de volver a la pura realidad.
Como os comentaba
en con anterioridad, todavía no había sabido nada de su
familia salvo las pequeñas pinceladas que me había comentado en
algún momento. Había pasado ya la mitad de las fiestas y no había
habido un momento para pasar ni siquiera a saludarles a pesar de no
vivir muy lejos de ellos (mi familia está a unos 80kms y no había
sido impedimento para pasar al menos un día con ellos). Realmente me
sorprendía muchísimo. Ya no tanto porque yo me considere una
persona con bastante apego familiar, pero sí por lo menos en
aquellos momentos en los que parece que todo el mundo procure
reunirse, aunque sólo sea por una vez al año, con todos ellos.
Y todavía me
sorprendía más cuando recordaba que, después de dejarla en su casa
al volver de pasar el día de Navidad en L'Olleria, me escribió en
alguno de los whatsapps que nos intercambiamos textualmente lo
siguiente: “Gracias x una Navidad en familia, un honor y un orgullo
para mi”.
Aún hoy trato de
comprenderlo... luego he tenido oportunidad de conocerlos y ¡¡¡son
una gente encantadora!!!
Bueno, pues como
iba diciendo, el día 2 había llegado.
Vuelta al trabajo,
cada uno al suyo. En verdad no apetecía nada, pero los pobres
currantes tenemos la mala costumbre de trabajar para poder vivir (o
sobrevivir).
Yo ya me estaba
familiarizando con el nombre de alguno de sus clientes. Claro está,
de los habituales. Había en particular dos nombres que se me habían
quedado grabados: Alex Also y Cnf. Además, daba la casualidad de que
Alex fue uno de sus últimos clientes del año y Cnf iba a ser uno
de sus primeros. Me hacía gracia el nombre con el que se refería a
uno de sus clientes, Cnf, porque es la abreviatura con la que
referenciamos las cenefas metálicas, de vidrio o cerámicas que
vendo -se me había olvidado comentaros, yo trabajaba de comercial de
materiales de construcción-.
Luego, con el
tiempo y cuando lo conocí, ya le puse cara y nombre real: Carles
Pols.
Tampoco os había
comentado que tanto a Laura como a mí nos gustaba mantenernos en
forma y acudíamos con frecuencia al gimnasio. En realidad ella
bastante más que yo; yo combinaba el gimnasio con algunas salidas a
correr. Solíamos ir por las tardes, siempre que estuviera yo por
Valencia -y no de viaje- y ambos hubiéramos terminado de trabajar. A
veces se nos hacía bastante tarde.
Esto nos permitía
por aquel entonces el disponer de un rato más para estar juntos –
todavía tenía a su ex en casa- y disfrutar un poco charlando de
nosotros y de nuestras cosas.
El sábado salimos
un rato, quería presentarle a algunos amigos. Como de costumbre no
la hicimos muy larga porque no somos mucho de trasnochar. Al
terminar, la dejé en su casa como era costumbre y me marché a la
mía. Además, a la mañana siguiente yo tenía otra carrera por la
zona. Bueno, más bien se trataba de una salida colectiva a modo de
entrenamiento, con almuerzo y fiesta incluida. Era una excusa para
celebrar las fiestas entre un grupo de corredores. Por lo demás el
fin de semana lo pasamos como cualquier pareja, charlando,
paseando,...
Y, por fin, su ex
había abandonado la casa. El día 5 yo tenía libre en el trabajo y
por la mañana fui a hacer la compra mientras ella realizaba un par
de servicios a 2 clientes. Con el tiempo recordé algo que me había
llamado un tanto la atención de ese día, pero que luego no le
pregunté porque pensaba que no tenía ningún sentido. Tenía un
cliente a las 9:00h y otro a las 10:30h. Charlamos un rato por
whatsapp -para variar- entre ambas visitas y recuerdo que me dijo que
se iba a dar una ducha. La verdad es que tiene un metabolismo
bastante activo y siempre tiene calor, pero de ahí a tenerse que
duchar por un servicio que, además, realizaba con aire
acondicionado. ¡Ahí lo dejo!
Llegaba el día de
Reyes. En mi familia había costumbre de reunirse la noche del día 5
para entregarnos los regalos. Sin embargo, a mí me daba igual si
ella me planteaba cualquier otra opción.
Ella no iba a
tener a los niños y se iba aquedar sola. Así es que nos quedamos
juntos, en casa.
El día de Reyes,
por la mañana, me fui a ver a mis padres y a mis hijos y así,
mientras, ella podía pasarlo con sus hijos. Para ambos fue un día
perfecto; hacía semanas que ella no veía a los suyos. Y yo, con mi
familia, siempre es divertido y agradable. Si le tengo que poner
algún pero estaría en que no hubiéramos podido estar todos juntos,
pero todavía no me había presentado a sus hijos. Quería ir
preparándolos para cuando llegara el momento.
A partir de estos
días nuestra relación ya tenía más el aspecto de una relación de
convivencia de pareja normal. Ya podíamos compartir todo el tiempo
del que dispusiésemos, ya no había moros (ex) en la costa ni nada
parecido.
Vivíamos entre
semana en su piso de Valencia porque, de este modo, ella tenía cerca
su trabajo y podía seguir realizando sus trabajos en casa. A mí me
daba igual; mi oficina estaba a la misma distancia desde su piso de
Valencia como de mi casa en Torrente. Y, los fines de semana, podíamos
irnos a pasarlo a mi casa y disfrutar de la naturaleza de los
alrededores.
De estas primeras
semanas tengo algunas anécdotas que recuerdo perfectamente. En su
momento son cosas que suceden, sin mayor importancia. Pero con el
tiempo vas atando cabos y más cabos y la cosa va cambiando de color.
Recuerdo un día,
por ejemplo, que me comentó que había tenido que anular una cita
con un cliente nuevo. Resulta que al llamar para confirmar la cita le
preguntó si le atendería con botas y ligerita de ropa, que siempre
le había hecho ilusión que le atendiera una dentista ligerita de
ropa. La verdad es que me quedé “flipado”, no podía imaginarme
que hubiera gente tan imbécil.
También fui
viendo que algunos de sus clientes en casa venían con mucha más
frecuencia de lo que se puede suponer para un tratamiento. En
particular Cnf (Carles Pols), que llegaba a venir incluso 2 veces
algunas semanas, con lo cual, además, se debía estar gastando un
dineral.
Pero una de las
cosas que más me empezó a mosquear fue que, además de ser una
mujer muy calurosa, comenzó a sudar más de lo habitual y observé
que ese sudor tenía un olor característico. Aunque hacía muchos
años que estaba bastante afuera de los gimnasios -yo tenía mi pequeño
gimnasio en casa-, me recordaba al sudor de los “croissants” que
se hormonaban para llegar a sus objetivos. Me pareció muy extraño
que una mujer tan dulce como ella, -si bien estaba bien fuerte-,
pudiera estar haciendo uso de anabolizantes y similares.
Trataba de
convencerme de que debía de estar equivocado, de que debía ser tan
sólo una percepción mía. Quería preguntarle, pero conociendo su
carácter, si estaba en un error se molestaría conmigo por no
confiar en ella.
Así es que me
puse a buscar alguna forma de averiguarlo y opté por enviar unos
pelos de su cabello a un laboratorio de Barcelona. Debía espera al
menos 3 semanas para recibir los resultados y las dudas me iban
corroyendo.
En aquellos
momentos me encontraba perdido. Por un lado estaba completamente
enamorado de Laura, pero lleno de dudas al mismo tiempo sobre su
sinceridad, honestidad y lealtad. Se estaban acumulando un montón de
hechos y situaciones que no veía nada claras. Pero me decía a mi
mismo que no debía dudar de ella si realmente la quería.
Durante ese tiempo
nuestra relación era normal, o eso trataba yo que pareciera. Pero,
sin querer, la estaba bajando del pedestal en donde la había
encumbrado. Estaba completamente enamorado de ella, de su carácter,
de su bondad, de su dulzura, pero al mismo tiempo me ponía una
barrera de autoprotección frente a ella.
Nuestro día a
día, siempre que no recordase estas situaciones, era fantástico.
Únicamente lo pasaba mal en aquellos momentos en que hablábamos de
ciertos temas -clientes suyos- o me volvía a llegar ese olor que he
comentado -cuando sudaba con cierta intensidad-.
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