Retales de la vida de un gilipollas (Capítulo 3)
Capítulo 3. Se acerca la Navidad
Ya estábamos llegando a diciembre. Se
acercaba la fecha clave para una de mis aficiones... correr.
A finales de noviembre se celebraba la
maratón de Valencia y participaba por 2ª ocasión.
A ella también le gustaba el deporte
en general, aunque no había corrido nunca. Pero como deportista que
era me iba dando ánimos para afrontarlo con la mayor motivación
posible.
Ese fin de semana lo pasamos en mi casa
de Torrente. El sábado la acompañé a una de sus demostraciones y
pasamos el resto del día de un modo muy tranquilo. La mañana del
domingo nos levantamos muy temprano para irnos a Valencia; me iba a
acompañar a la salida de la maratón. La verdad es que me hacía
mucha ilusión. Una vez allí recorrimos un poco la zona de
calentamiento y salida de los corredores y fui saludando a algunos
conocidos. Hasta aquí todo muy normal.
Pero sucedieron varias cosas que me
llamaron mucho la atención. En algún
momento vi como se cruzaron alguna mirada entre ella y algún
corredor que me desconcertó. Parecía como si él fuera a saludarla
pero de repente retiró la intención. Es posible que fuera alguna
relación que había tenido y, al verla conmigo, prefirió no
presentarse – pensé yo.
Se acercaba la hora de comienzo y ella
se tenía que marchar. Resulta que vivía no muy lejos del punto de
inicio y esa mañana tenía un trabajo de limpieza dental de los que
realizaba en su casa; ¡¡¡un domingo!!! Pero bueno, cuando alguien
trabaja de autónomo se adapta a las circunstancias si es necesario.
Por otro lado, Carlos no iba a estar en casa porque se había ido el
domingo a pasarlo con unos amigos.
Luego de marcharse, también me chocó
que uno de los corredores a quien conocía se acercase a mí para
medio preguntarme cuál era mi relación con Laura. Yo contesté que
era una amiga y luego él sólo me comentó que era muy guapa.
Parecería bastante normal la pregunta, salvo que él y yo apenas
teníamos relación, era una relación de esas de sólo levantar la
cabeza cuando te cruzas en alguna carrera o por la calle.
Ese año la carrera no me salió muy
bien que digamos. La verdad es que la padecí bastante; posiblemente
me había impuesto un ritmo muy rápido durante la 1ª parte.
Al terminarla me fui a buscarla y
pasamos el resto del día juntos. Como estaba agotado tan sólo nos
dedicamos a charlar y ver la televisión.
Pasaron los días, las semanas y lo
nuestro se fue oficializando. Cada vez procurábamos disponer de más
tiempo para nosotros, aunque en muchas ocasiones se tratase de un
tiempo virtual.
Recuerdo un sábado por la tarde fuimos
a tomar unas copas (poco alcohol la verdad porque no bebemos casi
nada) a la playa de Cullera. Allí había quedado con un compañero
de trabajo y su mujer. Mantenía con él una relación bastante
cercana, nos veíamos casi a diario. Eran gallegos los dos, y aunque
llevaban ya bastantes años en Valencia todavía se les notaba parte
de ese acento gallego tan característico. Al llegar a la cita me
llevé una sensación un tanto extraña.
Al presentarlos vi en Paco (mi
compañero de trabajo) una cara traspuesta, como cuando alguien se
encuentra enfermo. Estuvimos de charla durante un buen rato. Y
observaba que durante la conversación Paco no era el mismo de
siempre y apenas le dirigía la mirada a Laura (y me pareció que a
la inversa sucedía algo similar). Después de tomar un par de
consumiciones nosotros nos retiramos; no eramos de largas salidas,
gustábamos de volver a casa pronto para descansar y aprovechar las
mañanas desde primera hora.
Nos acercábamos a la Navidad y todo
seguía igual. Recuerdo una noche, volviendo de uno de mis viajes,
estuvimos chateando por el móvil durante varias horas (casi todo mi
viaje).
Le expliqué que no entendía como
podía ser que Carlos todavía no hubiera solucionado el marcharse.
Por otro lado, yo tenía por costumbre
el pasar el día de Navidad con mi familia en L'Olleria, pero estaba
dispuesto a hacer cualquier cambio si es que le venía mejor para
pasar uno de los dos días de fiesta con su familia. Pero no, me
comentó que este año no coincidía bien para estar con su hermano
así es que nos veríamos otro día cualquiera.
Así es que pensé que la Nochebuena la
pasaríamos solos, pero cual fue mi sorpresa cuando me dijo que la
pasaría con Carlos para no dejarlo solo.
Ni que decir tiene que me dejó
desconcertado.
Yo no quería ser desconfiado, y aunque
me pareciera un sinsentido, terminé por asumir que eso es lo que
debía ser. Ante todo debía confiar en ella. Si la quería y, como
me decía, ella me quería, debía intentar aceptar la situación de
la mejor manera posible. Pero no negaré que me atormentaba el pensar
en que estaban conviviendo aún en una casa con una sola habitación
y una sola cama.
Finalmente, el día de Nochebuena nos
fuimos a celebrarlo juntos a mi casa de Torrente.
A la mañana siguiente nos levantamos
temprano, como de costumbre, y nos fuimos a casa de mi madre a
celebrar el día de Navidad. Allí estuvimos con casi toda mi
familia; faltaba mi hijo que lo estaba celebrando en casa de los
padres de su pareja y una sobrina por estar viviendo muy lejos.
El día se pasó muy bien; Laura se
integró perfectamente con todos ellos a pesar de lo complicado que
puede llegar a ser el que te presenten de golpe a un montón de gente
que, además, se está convirtiendo de repente en tu familia. Pero
bueno, dentro de mi familia no hay ningún elemento de esos que
podemos llamar “cotillas” y que se dedican todo el tiempo a
averiguarte la vida...
Pero las celebraciones no terminaban
aún. Había organizado una sorpresa para el día 27 de diciembre.
Bueno media sorpresa porque no podía esconderlo todo. Mi hijo y su
pareja tenían caballos y a una amiga mía, a su pareja y a Laura les
gustaban los caballos. Ese era parte de mi regalo de cumpleaños para
Laura. Así es que nos fuimos a Castellón, donde vive mi hijo, y con
su complicidad organizamos unos paseos en caballo. Todos disfrutamos
de una mañana hermosa. Luego de comer en un restaurante nos volvimos
a Valencia; teníamos que ir pensando en qué hacer en Nochevieja.
A la mañana siguiente, y un poco como
una encerrona, entre un amigo mío y yo le habíamos preparado el
dorsal para correr la San Silvestre de Torrente. La verdad es que la
pusimos en una situación complicada. Laura se había levantado con
fiebre y no estaba como para correr mucho que digamos, y al mismo
tiempo le iba a presentar a un gran número de amigos y compañeros
de afición. Pero fue valiente y se enfrentó a la carrera; y la
verdad es que la peleó muy bien teniendo en cuenta como se
encontraba. De entre la gente a la que le presenté me volví
encontrar alguna cara desencajada; era una percepción rara que me
volvía a suceder de nuevo. Y ya iban unas cuantas. Pero bueno,
pensaba que todo era cosa de mi imaginación.
Carlos continuaba todavía en casa de
Laura. Así es que decidimos pasar el Fin de Año en mi casa de
Torrente. No teníamos muchas ganas de bullicio, así es que pensamos
en cómo prepararnos un menú elegante y cómodo, y nos preparamos
nuestras mejores galas para recibir el Nuevo Año de la forma más
divertida e íntima posible. No en vano, al menos para mí, el año
entrante iba a ser memorable (pensaba yo). Para no variar, nos
acostamos bastante temprano teniendo en cuenta el día que era, pero
es que a los dos nos gusta madrugar. El día de Año Nuevo salimos a
disfrutar del buen día que hacía y pasear por los alrededores.
No sé si habréis observado que, hasta
la fecha, poco o nada he comentado de su familia o de sus amigos.
Bueno, pues bien, es que no hay nada que comentar. Parecía como si
no existieran.
Nota: correcciones de errores y erratas realizado (2018/08/09)
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