Retales de la vida de un gilipollas (Capítulo 6)
Capítulo 6. Nuevos descubrimientos.
A primeros de año
ya le había pedido matrimonio. ¡Así, de repente!. Bueno, no creo
que tan de repente porque ya se lo había pedido hacia más de 20
años. Ella era la única persona que me había despertado ese
interés tan fuerte por tenerla a mi lado para siempre. Y, tampoco
era tan prematuro, al fin y al cabo ya la conocía... ¡¡¡o no!!!
En esta ocasión
se lo tomó un poco a broma. Digamos que no había sido una petición
formal.
Apenas un mes
después fue ella la que me pidió matrimonio. ¡Y claro, acepté!.
La verdad es que los papeles son papeles, pero el hecho de que fuera
ahora ella quién me lo pidiese ¡¡me trasmitía una sensación de
seguridad de que realmente lo deseaba!!
Laura tampoco es
de las personas que crean en papeles. Es muy de pensar en lo de vivir
el hoy... pero el mañana también existe (o debería de existir).
De mi círculo de
amistades no encontraba en quién apoyarme, a quién contarle lo que
estaba viviendo -lo bueno- y lo que estaba sufriendo -lo malo-. Mi
mejor amigo se encontraba muy lejos, a miles de kms., y con el resto
de amistades no llegaba a tener el grado de confianza e intimidad
para poder tratar asuntos similares. Necesitaba a alguien en quién
apoyarme para hablar y no volverme loco. ¡Y ahí estaba Alma!
Alma era una vieja
amiga. Habíamos mantenido una relación de pareja tiempo atrás,
pero aquello terminó. Seguíamos siendo muy buenos amigos, sólo
amigos. Quedábamos de vez en cuando para charlar y tomar un café.
Ella era, y es, de esos amigos a los que no les necesitas contar nada
para ver cómo se ponen a tu lado para consolarte, darte ánimos, o
reírse contigo, si es el caso. De los que sabes que, pase el tiempo
que pase, están ahí. Ante la falta de sinceridad y transparencia
que estaba viendo por parte de Laura -aunque suene a excusa- rara vez
le comenté que hubiera quedado a charlar con ella.
No me atrevía a
contarle a nadie lo que estaba viviendo, ni siquiera a ella. Para mí
era suficiente con que estuviera a mi lado, con hablar de cualquier
cosa y que me hiciera olvidar por unos instantes lo que estaba
sufriendo por dentro.
A medida que
fueron pasando las semanas del nuevo año quedábamos con más
frecuencia. Que me perdone Alma, que lo hará, pero la estaba usando
como pañuelo donde secar mis lágrimas.
Después de la
confirmación de mi intuición acerca del consumo de sustancias
dopantes por parte de Laura me encontraba totalmente perdido.
Hay que añadir
que últimamente Laura había sufrido algunos episodios de mareos,
vértigo, etc... En principio esto le suele suceder a muchas personas
y no tenía porque tener ningún tipo de relación. Además, Laura se
encontraba evidentemente estresada con los recientes cambios en su
trabajo.
Para más inri, se
le rompió un día la camilla y su ex-pareja, Carlos, le acercó la
suya de tipo portátil para no desatender a los clientes. Como podéis
ver, mantenían una buena relación.
Y, económicamente,
iba un tanto apretada. Así es que le eché una manita durante unos
meses con el alquiler para que no tuviera que preocuparse tanto.
Pero justo en las
semanas posteriores comenzó a complicarse la situación. Tenía
hiperhidrosis (hipersudoración), taquicardias, ansiedad, tensión
alta. Llegué incluso a traerme a su casa un tensiómetro que tenía
en Torrente para que se controlara la tensión con frecuencia. Para
complicarlo un poco más, la mitad del tiempo me encontraba de viaje
y el ver los resultados de su tensión que me enviaba por whatsapp me
ponía de los nervios; de los nervios por la incapacidad que sentía
al no poder hacer nada en la distancia.
Laura es muy
cabezota, pero finalmente conseguí que fuera al médico. La hubiera
acompañado pero tampoco es que me facilitara mucho ese hecho.
Se me había
olvidado comentar que, además de lo descubierto por mí, tomaba unos
relajantes por la noche para poder dormir desde hacía años. Yo
había conseguido que, de vez en cuando, los dejase de tomar, sin que
eso le afectara en su descanso. Aún hoy los sigue tomando, por
desgracia.
Salvando las
distancias con esta situación, en mi vida he tenido el infortunio de
tener algunos amigos adictos a sustancias muy peligrosas. Y mis
experiencias no habían sido muy buenas; de hecho, hace muchos años,
enterré a uno de ellos a edad muy joven. Por fortuna, en otros, todo
se resolvió con el tiempo.
Yo no le había
comentado nada acerca de la analítica que le hice a sus espaldas.
Incluso, aprovechando la circunstancia, quise adelantarme a ella y
visitar a su médico para advertirle de la situación de modo que
pudiera ayudarla de un modo más apropiado. ¡Pero me fue imposible!
Por otro lado, me
estaba familiarizando con el nombre de algunos de sus clientes
habituales... demasiado habituales. Eran 4 o 5, pero en particular 2
de ellos los tenía ya demasiado localizados mentalmente.
Uno de ellos, Alex
Also era supermadrugador; en ocasiones tenía que adelantar mi hora
de salida a trabajar para que ella tuviera todo preparado para cuando
llegara.
Me picaba la
curiosidad, así es que en una ocasión me quedé por los alrededores
para verle llegar. Me las pude ingeniar en el trabajo para poder
llegar un poco más tarde y me esperé hasta su salida. Fue muy
curioso verle llegar casi corriendo, como quién llega tarde a una
cita. Pero llegaba con más de 15 minutos de adelanto. Sin embargo,
para la prisa que se le suponía, al salir iba andando como relajado,
con cara de felicidad, mirando hacía atrás, hacia el portal, como
si se dejara algo.
El otro, Carles
Pols, solía venir de media tarde en adelante. Me las ingenié
igualmente para poder verle aprovechando que conocía qué día tenía
cita. En este caso la situación fue distinta. Se prolongó bastante
más en el tiempo de lo que suele ser una cita habitual. Y al
marcharse, Laura y yo chateamos como de costumbre -ella suponía que
yo estaba en el trabajo- y me comentó que se había entretenido más
de la cuenta en escribirme porque se había ido a tomar un café con
Carles Pols (alias Cnf) y que le había estado contando que ese fin
de semana había terminado el Maratón del Dements en 5h 50' (en
Eslida). ¿Pero dónde se habían tomado el café?
Laura ya se había
percatado de que yo había cambiado. Me lo hizo saber.
Me decía que me
veía más distante o más triste, que no era el de las primeras
semanas. ¿Y qué le iba yo a decir si era verdad? Pero trataba de
disculparlo con la tensión en mi trabajo.
Pero, ¡ostias!,
me pedía sinceridad. Y yo me mordía la lengua porque no quería
descubrirle mis conocimientos.
Después de estas
observaciones de 2 de sus clientes comencé a montarme historias en
mi cabeza. Aprovechando que había comprado algunos útiles para
protegerme en la empresa -que me las quería hacer pasar “putas”-
realizando grabaciones de conversaciones despectivas y fuera de tono,
pensé en utilizarlas en casa.
No me fue fácil
el adecuarlo para mis fines. Sobre todo por el tema de la duración
de la batería. Pero lo hice. Y finalmente conseguí grabar una cita
de cada uno de ellos... ¡¡¡Y, a mala hora que lo hice!!!
¿Qué me
encontré?
Pues resumiendo y
sin entrar en detalles... ¡¡que ambos terminaban mucho más felices
que cuando entraban!! A buen entendedor sobran palabras.
No me lo podía
creer. ¿Era verdad?
¿Con quién
estaba compartiendo mi vida? Ella, que hablaba de sinceridad y
confianza.
¡¡Se había
cobrado mi lealtad!!
No pude ver lo que
se había grabado hasta 2 días después porque, entre el trabajo y
el tiempo juntos no tenía momentos para hacerlo. Obviamente, cuando
lo vi me quedé desencajado. Estaba enfurecido. Esa noche supongo que
no fui muy buena compañía, por decirlo sutilmente.
Recuerdo
perfectamente como, al día siguiente, en los primeros whatsapps me
recriminaba que me encontraba muy distinto en los últimos días, que
parecía que me hubiera puesto una coraza, que la rechazaba. Y yo
haciendo de tripas corazón y aguantando el momento. Necesitaba
reflexionar sobre lo sucedido. Necesitaba enfriar la mente y decidir
cómo actuar. No quería descubrir lo que sabía hasta decidir qué
hacer.
Como había
comentado antes, Alma y yo quedábamos para charlar o tomar café,
hablar de tonterías y nada más. ¡Pero, cometí un error! Sin
quererlo, o qué se yo, nos dejamos llevar dónde no debíamos. No
era justo para ella, no era justo conmigo mismo y no era justo con
Laura. Pero sucedió.
Fueron 4 ó 5
ocasiones, a lo largo de varios meses, en donde se nos fue de las
manos la situación.
¡¡Reconozco mi
error!! ¡¡¡Era la primera vez que le era infiel a una pareja en
toda mi vida!!!
Luego corté de
cuajo la situación; no era correcta en ningún caso. ¡A pesar de
los pesares! ¡A pesar de lo que yo había descubierto!
Pero creo que
quizá disculpéis un tanto mi desatino teniendo en cuenta los
sucedido y que termino de contaros.
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