Retales de la vida de un gilipollas (Capítulo 1)


Capítulo 1. El rencuentro

Era un caluroso día de octubre de hace ya 4 años. Un poco por casualidad, un poco con la ayuda de la divina providencia nos encontramos.
Estaba bastante cambiada, pero mantenía un halo de su esencia, aquella que conocí hace más de 20 años y que me dejó cautivo.
En aquellos viejos tiempos estaba casada, recién casada, y aún así surgió algo muy fuerte entre nosotros que estuvo a punto de derrumbar los cimientos de su relación.
Sin embargo, no quise persistir en mis intentos de unirme a ella cuando descubrí que él era conocedor de nuestros acercamientos. Habían sido unos meses maravillosos con ella, a escondidas, a urtadillas. Siendo conscientes de que no se actuaba bien. Mi corazón me pedía luchar, pero mi mente me pedía calma; a ella la veía en un mar de dudas. Y decidí dejar pasar, no hacer daño innecesario, aunque pensase que me arrepentiría por no luchar por ella.

Como estaba contando, nos encontramos después de mucho tiempo. Nos habíamos visto de lejos en alguna ocasión en los últimos años pero, al menos por mi parte, aquella ruptura de hacía tantos años me impedía acercarme a ella ni tan siquiera para saludarla. Sentía que podía incomodarla y nada más lejos de mi intención.


Acudía a una presentación de una nueva tecnología de ortodoncia. Era mi campo, unos estudios que realicé de joven pero, caprichos del destino, nunca apliqué. Después de estudiar de joven me surgieron trabajos en campos muy diferentes a lo que había preparado. Las necesidades, las obligaciones (tenía ya dos hijos a los que debía cuidar y atender) me hicieron que dejara de lado aquello que era mi ilusión.

Me había quedado sin habla al verla. Mis pasos, mis gestos, se convirtieron en torpes. Trataba de no descubrirme ante ella y sin embargo, cada minuto que pasaba, me ruborizaba un poco más. Tropezamos (mas bien fuí yo el que tropezó con ella), apenas nos cruzamos unas pocas palabras recordando algunos momentos de un pasado lejano. El momento fue breve pero intenso. Tuve la fortuna al despedirnos, pensé, que me diera su teléfono. Yo no tenía la cabeza ni para pensar ni tan siquiera en algo tan sencillo.


Al salir me encontraba desconcertado. Una suma de sensaciones, recuerdos y anhelos, me embriagaba. Realmente parecía como emborrachado, tartamudeaba al hablar con mi hija que me acompañaba. Creo que ella también se quedó algo perpleja de la situación en la que me veía.

Estuve dándole vueltas a mi cabeza, buscando sacar las fuerzas para llamarla, para tratar de saber de ella. Habían sido muchos años de un recuerdo que no me dejaba. Me recordaba una y otra vez a mi mismo lo cobarde que fuí al no luchar por ella en su momento. Al final encontré esa fuerza y la llamé.

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